ECUADOR: ¿Adiós Brasil?

QUITO, 15 oct Por Kintto Lucas

 (IPS) – La expulsión de la empresa constructora brasileña Odebrecht de Ecuador y el conflicto del gobierno de este país con la petrolera Petrobras han causado el mayor distanciamiento entre Brasilia y Quito en muchos años.

 

La empresa Odebrecht, una de las más grandes de Brasil, ha sido acusada de irregularidades en la construcción de la central hidroeléctrica San Francisco, sobre el río Pastaza en la Amazonia ecuatoriana, y en otras obras en este país.

 

La central, entregada por la compañía brasileña en junio de 2007, paralizó su funcionamiento en junio de este año por fallas en la construcción.

 

Un informe de la Contraloría General de Ecuador al que tuvo acceso IPS asevera que la compañía brasileña realizó la obra sin ceñirse a diseños, planos y especificaciones técnicas para la construcción y recubrimiento del túnel de conducción, lo que provocó rajaduras en las paredes.

 

Tampoco se seleccionó bien la malla de filtración, que permite detener el paso de piedras y sedimento, ni se adoptaron las medidas para garantizar el funcionamiento y durabilidad de los equipos, afirma el reporte.

 

Odebrecht cobró un premio de 13,6 millones de dólares por entregar la obra antes de la fecha señalada en el contrato, agrega.

 

Las pérdidas por la rotura y paralización de la hidroeléctrica durante cuatro meses superan, según fuentes oficiales, los 43 millones de dólares.

 

“En este tipo de obras, al año de operaciones siempre se programa una paralización por mantenimiento de rutina”, y gracias a eso se detectaron las fallas en el túnel y un excesivo desgaste en la turbina, sostuvo inicialmente la empresa en un comunicado.

 

“Independientemente de cualquier aclaración de causas o responsabilidades, el consorcio, liderado por Odebrecht, inmediatamente asumió los trabajos de reparación”, y el plazo para que la central volviera a operar el 4 de octubre “se estaba cumpliendo hasta la intervención del gobierno” ecuatoriano, agregó el texto.

 

El 23 de septiembre, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, decidió la expulsión de Odebrecht. Los bienes de la empresa fueron embargados ante su negativa a pagar una indemnización al Estado por los daños en San Francisco.

 

También se ordenó la militarización de las obras de la constructora, y se prohibió la salida del país de sus directivos.

 

A principio de octubre, Correa y su par brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva trataron el tema en una reunión en la norteña ciudad brasileña de Manaos, pero no llegaron a ningún acuerdo.

 

Tras la reunión de los dos presidentes, ejecutivos de la constructora comunicaron que estaban dispuestos a llegar a un entendimiento con el gobierno ecuatoriano y presentaron una propuesta, pues la expulsión representaba perder varios contratos importantes en este país.

 

Odebrecht opera en Ecuador desde hace 21 años y tiene en construcción dos centrales hidroeléctricas, un aeropuerto y un sistema de riego.

 

La semana pasada, Correa decidió no aceptar la propuesta de la empresa, considerando además que existieron irregularidades en otros contratos de la compañía con el Estado ecuatoriano.

 

Por ejemplo, se acusa a la empresa de haber recibido un anticipo para la construcción de otra represa, Toachi-Pilatón, y de no haber iniciado las obras a tiempo.

 

Acto seguido, Lula suspendió las negociaciones entre los dos países sobre varios proyectos de infraestructura en Ecuador.

 

Según una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, la decisión fue “en función de los desdoblamientos que envuelven a empresas brasileñas en ese país”.

 

El comunicado de la cancillería brasileña afirma que la resolución de Ecuador “contrasta con las expectativas de una solución favorable” surgidas en el encuentro que mantuvieron los presidentes.

 

De acuerdo con la nota, Lula también ordenó “postergar la ida a Ecuador de una misión encabezada por el ministro de Transportes”, Alfredo Pereira do Nascimento, programada para este miércoles, para discutir “temas vinculados al apoyo brasileño a obras de infraestructura vial” en este país andino.

 

Correa aseguró el sábado que respetaba pero no compartía la “actuación” de Brasilia, porque el de Odebrecht es “un problema entre un Estado soberano y una empresa que incumplió todo”.

 

Para el sociólogo y analista político Alejandro Moreano, Ecuador ha sido en los últimos años campo de una disputa hegemónica entre Brasil y Estados Unidos.

 

En ese contexto, Brasil ha sostenido relaciones políticas y económicas muy estrechas con Ecuador, dijo Moreano a IPS.

 

Si bien el vínculo se ha deteriorado, con el tiempo prevalecerá la política exterior de Estado conducida por Brasilia, que busca mantener su influencia regional mediante el diálogo y el acercamiento, estimó.

 

Brasil juega un papel fundamental en América del Sur, por tratarse de una potencia con capacidad de aglutinar al resto de países y consolidar un bloque en un futuro mundo multipolar, dijo Moreano.

 

Al caso de Odebrecht se sumó el de la empresa petrolera brasileña Petrobras, en los últimos días duramente cuestionada por Correa por reducir la producción de hidrocarburos.

 

Los problemas con Petrobras se evidenciaron en septiembre, cuando el campo petrolero 31, que estaba listo para ser explotado por esa compañía, retornó a manos del Estado.

 

La licencia para explotar el bloque 31, ubicado en el Parque Nacional Yasuní, un área protegida, fue entregada en 1995, a pesar de las protestas de ecologistas y de pueblos indígenas que habitan la zona.

 

Sin embargo, siguieron las negociaciones para modificar los términos de otros contratos entre Petrobras y el Estado, de acuerdo a nuevas reglas establecidas por el gobierno para los convenios con petroleras extranjeras.

 

La modificación de contratos con esas empresas busca elevar los ingresos que recibe el fisco de la renta petrolera.

 

El 7 de octubre, antes de dejar su cargo, el ministro de Minas y Petróleo, Galo Chiriboga, afirmó que las negociaciones con Petrobras fueron muy complejas debido a las “inaceptables” objeciones interpuestas por la empresa a la modificación del contrato.

 

Ante la demora en la renegociación y una caída de la producción en los pozos que operan Petrobras y otras empresas, Correa amenazó con la expulsión.

 

El 8 de octubre, Lula admitió que Petrobras podía salir de Ecuador si no se alcanzaba un acuerdo favorable con el gobierno, pero confió en que la negociación llegaría “a buen término”.

 

Un día después, el canciller brasileño Celso Amorim afirmó que un retiro de Petrobras de Ecuador requeriría que la empresa fuera compensada por las inversiones que realizó.

 

Petrobras habría invertido más de 400 millones de dólares en este país y produce cerca de 30.000 barriles diarios de crudo en el bloque 18, según fuentes de la embajada brasileña.

 

En los últimos 10 años, Ecuador ha recibido préstamos por unos 1.500 millones de dólares del Banco Nacional de Desarrollo Económico (BNDES) y del Banco do Brasil para la ejecución de obras de infraestructura.

 

La construcción de la represa de San Francisco contó una financiación de 243 millones de dólares del BNDES. Según datos del Banco Central del Ecuador, el intercambio comercial bilateral de 2007 ascendió a 767,5 millones de dólares, con un balance ampliamente favorable a Brasil.

 

Las ventas ecuatorianas sumaron 36,6 millones de dólares y las compras 730 millones de dólares. (FIN/2008)

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

 

 

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