ESCRITO DA UN IGNORANTE por Benito Capone

Tenerife 22 10 08 El Bonsái: He intentado hacer la cuenta de cuanto los diversos gobiernos de las naciones de esta tierra van a entregarse, de una u otra forma, a los bancos de sus países.

No lo he conseguido porque ni empezar ya me daba vuelta la cabeza. Confieso que en este tipo de economía, como en muchas cosas más, soy un  gran ignorante. Y es por eso que todo lo que voy escribiendo en esta hoja lo voy a poner entre comilla, porque no se hasta a que punto tocaré la verdad y hasta a que punto hablará más el corazón.

 Alguien que tienen la bondad de seguir lo que escribo en los diversos digitales, que una vez más me tratarán de ingenuo pero exprimo mis dudas y mi escepticismo alrededor de esta crisis que toca más a los modestos que a los que, con miles de millones en el bolsillo, son los responsables primos de esta crisis.

En mi ya mencionada ignorancia no entiendo porque los estados tienen que poner dinero para salvar a estos fraudulentos y tramposo señores. Dicen: los ciudadanos no pagarán ni un céntimo para estas intervenciones. Ya, ¿y el dinero que tiene el estado y que directa o indirectamente ingresan a los bancos lo ha aportado el Espíritu Santo o algún milagrosos más, o es dinero del contribuyente?

José Saramago, premio Nobel, en un reciente ensayo definía esta situación internacional como un crimen contra la humanidad. Claro que especificaba tratarse  de un crimen financiero contra la humanidad explicando que “Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Y se interrogaba y nos interrogabas “¿Presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales?

Hay de relevar que muy poca personas o movimientos se han declarados firmes, decididos opositores a la solución adoptada por los gobiernos del planeta, una complicidad que “nadie la demanda”, salvo los magnate del engaño y del dinero, para poder hacerse con más y más dinero y poder. Saramago a propósito del “producto maligno de la naturaleza” preguntaba con mucho fundamento “¿No se ha dado cuenta el Sr. Bush que tenía el enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?

Hace de contralto a Saramago,  Marina Navarro, portavoz en España de un millar de organizaciones solidarias que se han movilizadas el pasado viernes, que con rebeldía afirmaba “Sé que es una palabra muy dura, pero no encuentro otra: ¿no es una “vergüenza” que salvar de la crisis a los bancos de Estados Unidos cueste 700.000 millones de dólares, cinco veces más de lo que aprobó la ONU para alcanzar los Objetivos del Milenio?”

 

Hay una pregunta también muy dura que en mi ignorancia pongo al portavoz de la Coordinadora de Naciones Unidas para el Milenio, David Ortiz. Una persona que trabaja mucho para sensibilizar la gente, no solo española y que ha animado la convocatoria en Madrid de Alianza el pasado viernes. ¿a quien tiene que animar, concienciar? ¿A la gente de a pié que ya está pasando lo que está pasando y que ya está al tanto de lo que pasa en el tercer y cuarto mundo?

Esta gente no puede hacer mucho en contra de un potentado económico internacional capaz de arruinar, sin la mínima vergüenza,  el mundo entero por su propio interés. Sí, es verdad que podemos sensibilizar, cada cual en su país, a su propio gobierno para que se alcance aquel inalcanzable 0,7%, que los gobiernos se han empeñado a presupuestar y que nunca lo encontramos en el balance final.

Una gotita para los pobrecitos de todo el mundo y una barbaridad de millones de euros para los bancos que han generado aún más una divisoria siempre más ancha entres los más pobres y los más ricos.

En mi ignorancia me interrogo: ¿Es de justicia todo esto? ¿Es de justicias que los estados, no importa el color que tengan, actúe de esta forma?

Mi animo, mi conciencia utópica – si quieren –, mi ignorancia, la de un hombre de a pié,  me dice no.

 

 

 

 

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