ELECCIONES-EEUU: El mundo según Obama y McCain

WASHINGTON, 24 oct Análisis de Jim Lobe

 (IPS) – Las diferencias en materia de política exterior entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos John McCain, del gobernante Partido Republicano, y Barack Obama, del opositor Demócrata, son amplias y sustanciales.

 

Aunque ambos coinciden, al menos superficialmente, en asuntos como la importancia de cerrar la prisión de Guantánamo, Cuba, actuar con mayor determinación contra el cambio climático, elevar el número de tropas en Afganistán y mantener todas las opciones sobre la mesa respecto de Irán, sus instintos y visiones del mundo tienen muy poco en común.

 

En términos generales, McCain se identifica estrechamente con la concepción maniquea y unilateralista de los neoconservadores y nacionalistas agresivos que definieron la política exterior durante el primer mandato del presidente George W. Bush, entre 2001 y 2005, que privilegió la opción militar frente a la diplomacia y otras formas del llamado “poder suave”.

 

Muchos de los asesores de McCain pertenecen a esos sectores, aunque también consulta con exponentes de la escuela “realista” en materia de política exterior, fundamentalmente los ex secretarios de Estado (cancilleres) Henry Kissinger, Lawrence Eagleburger y James Baker.

 

Aunque el candidato republicano no descarta el uso de la fuerza y las acciones unilaterales como último recurso, pone mayor énfasis en el empleo de la diplomacia y el diálogo con otros países para promover los intereses nacionales estadounidenses.

 

Obama, por otra parte, es generalmente visto como un “internacionalista progresista”. Esta escuela de pensamiento, creada por el ex presidente demócrata Woodrow Wilson (1913-1921), se convirtió en el fundamento del orden multilateral liderado por Estados Unidos y Occidente tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

 

Ese orden estaba presidido por la Organización de las Naciones Unidas, las instituciones surgidas de los acuerdos de Bretton Woods –el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial– y la Organización Mundial de Comercio, aún en estado embrionario en esa época.

 

La mayoría de los asesores de Obama en política exterior pertenecen a esa escuela de pensamiento. Su compañero de fórmula, el senador Joseph Biden, está considerado un “progresista intervencionista”, quien cree que Estados Unidos debe promover activamente los valores democráticos y liberales, además de prevenir, por la fuerza si es necesario, masivas violaciones a los derechos humanos, como el genocidio.

 

Biden ha sido durante muchos años el líder de los demócratas en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, lo que probablemente le otorgará una especial influencia en cuestiones de política internacional si Obama alcanza la presidencia en los comicios del 4 de noviembre.

 

Al mismo tiempo, algunos influyentes “realistas” han manifestado su apoyo al candidato demócrata y figuran entre sus principales asesores. El caso más reciente ha sido el de Colin Powell, quien fue secretario de Estado durante el gobierno de Bush, entre enero de 2001 y noviembre de 2004.

 

De hecho, Obama ha elogiado la política exterior del ex presidente George Bush (1989-1993), padre del actual mandatario, y expresó públicamente su admiración por los senadores republicanos Richard Lugar, vicepresidente de la comisión que preside Biden, y Chuck Hagel. Ambos han sido mencionados como posibles secretarios de Estado en un gobierno de Obama.

 

La inclusión de prominentes “realistas” como asesores de los candidatos de ambos partidos puede apuntar, primordialmente, a reasegurar a los votantes centristas e independientes acerca de que el futuro presidente evitará acciones como la invasión de Iraq en 2003, cuando la influencia de los neoconservadores y nacionalistas agresivos alcanzó su pico más alto.

 

Pero, por otro lado, esto implica que quien triunfe en los comicios asumirá la presidencia el 20 de enero con un amplio espectro de asesores en política exterior, que pueden tener desacuerdos fundamentales en la definición de los intereses estadounidenses, el uso apropiado de la fuerza militar y el grado en el que Washington debe confiar en las instituciones multilaterales en lugar de actuar de manera unilateral.

 

Ese tipo de diferencias, cuando fueron muy marcadas, dañaron severamente a gobiernos anteriores y, en los años recientes, a la administración de Bush, escenario de una batalla por el control de la política exterior entre los “halcones” liderados por el vicepresidente Dick Cheney y Powell, primero, y su sucesora al frente del Departamento de Estado, Condoleezza Rice, después.

 

Rice y otros “realistas”, como el secretario (ministro) de Defensa Robert Gates, se han volcado desde hace tiempo a reparar, aunque lentamente, los daños a la posición mundial de Estados Unidos provocados por los neoconservadores durante el primer mandato de Bush.

 

El gobierno del ex presidente demócrata Jimmy Carter (1977-1981) también fue sacudido por conflictos internos, entre los “internacionalistas progresistas” liderados por su secretario de Estado Cyrus Vance y el sector más “realista” de su consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, quien gozó de alta estima en la Casa Blanca durante la gestión de Bush padre, y ha expresado su apoyo a Obama.

 

En ambos casos, acontecimientos externos provocaron una alteración del poder interno en el gobierno.

 

Durante la primera presidencia de Bush, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, en la de Carter, la revolución islámica en Irán y la invasión de Afganistán por parte de la disuelta Unión Soviética, en noviembre y diciembre de 1979, respectivamente.

 

Bush, tras haberse presentado como un “realista” comprometido con una “humilde” política exterior, lanzó su “guerra contra el terrorismo” diseñada para “transformar” Medio Oriente y otras regiones del mundo. La resistencia iraquí y regional a sus designios lo forzaron a escuchar nuevamente a los “realistas”.

 

Si Obama y McCain retienen a su actual equipo de asesores en caso de llegar a la presidencia, seguramente habrá divisiones respecto de qué hacer acerca del programa nuclear iraní y el resurgente poderío de Rusia, las “intervenciones humanitarias” y la promoción de la democracia –o desestabilización– en países cuyos gobiernos son considerados hostiles hacia Estados Unidos.

 

En el caso de Irán, por ejemplo, los “halcones” han rechazado férreamente cualquier iniciativa diplomática, mientras que los “realistas” que asesoran a McCain y Obama han reclamado que Washington dialogue directamente con Teherán sin plantear precondiciones.

 

McCain se alineó inicialmente con los representantes de la línea dura, hasta que el mes pasado Kissinger y Baker formularon un llamado a negociar sin condicionamientos.

 

En cuanto a Medio Oriente, un elemento de potenciales conflictos internos puede ser la presencia de asesores estrechamente asociados con Israel.

 

Aunque los “realistas”, tanto en el campo de McCain como en el de Obama, creen que Estados Unidos debe promover imparcialmente la paz entre Israel y sus vecinos árabes, los neoconservadores que rodean al candidato republicano y varios “intervencionistas progresistas” demócratas, como Biden, se han opuesto a presionar decididamente al estado judío en este tema.

 

Respecto de Rusia, los “realistas” que asesoran a ambos candidatos señalaron que se debe actuar prudentemente. Advierten que tomar represalias contra Moscú por su invasión de Georgia podría tener serias consecuencias negativas para los intereses de Estados Unidos.

 

McCain, por ejemplo, sugirió que Rusia fuera expulsada del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos. Obama se alineó con los “realistas” aunque algunos de sus asesores le pidieron que adoptara una posición más dura.

 

Un próximo gobierno demócrata también podría enfrentar divisiones internas en el tema de las “intervenciones humanitarias”, un concepto al que están apegados los “internacionalistas progresistas” como Biden.

 

Sin embargo, esa posición ha sido recibida con gran escepticismo por los “realistas”, quienes creen que constituye una receta para cargar con más responsabilidades a las ya sobreexigidas fuerzas militares de Estados Unidos en países que no son vitales para los intereses de Washington.

 

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

 

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