¿Refundar o enterrar el capitalismo? Pot P. DÉNIZ, J. L. HERNÁNDEZ Y F. SABATÉ

La economía capitalista globalizada ha entrado en una profunda crisis. En estos momentos nos encontramos ante un terremoto financiero originado en Estados Unidos (Wall Street) y en los mercados bursátiles que ya se ha contagiado al resto del planeta.
Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía en 1970, ha manifestado que “esta crisis supondrá para el capitalismo lo que la caída del Muro de Berlín supuso para la URSS y el socialismo real”, y esta afirmación es creíble cuando analizamos los órdenes de magnitud que se están manejando. Se estima, como monto de la burbuja de economía virtual que ha pinchado, 250 billones de dólares (unas seis veces toda la riqueza global del planeta); 750.000 millones de dólares que el secretario del Tesoro de EE.UU, Henry Paulson, ha puesto sobre la mesa para socorrer a banksters (banqueros gángsters); 30.000 millones de euros que Zapatero pone a disposición de los banksters españoles, el 15% del PIB español…

 

Ya casi nadie duda de que estamos en el inicio de una de las mayores crisis económicas de la historia de la Humanidad y que ésta ha sido creada por las aristocracias de la banca, por los grandes capitalistas, por la avaricia sin freno de los especuladores y por los que enarbolaban la consigna de que “el Estado no es la solución, sino el problema”. De manera paradójica, estos apologetas del mercado y sectarios de la globalización económica, que renegaban de la intervención de los estados en las economías, ahora piden la nacionalización del corazón del sistema, los grandes bancos y otras entidades financieras, clamando por algo que se asemeja mucho a un “socialismo para ricos”. Los gobiernos capitalistas han respondido a gran escala a esa llamada de auxilio de los grandes capitalistas y lo están haciendo a costa del dinero de los impuestos de la población, que se detraerá de las inversiones en prestaciones sociales, salud, educación, seguridad social, etcétera, es decir, practicando una especie de capitalismo salvaje para los pobres.

 

Las crisis son cíclicas e inherentes al sistema capitalista, pera ésta ha venido para quedarse durante mucho tiempo. Lo que parecía un mal exclusivo de los mercados financieros de los países ricos es ya una crisis económica global, que puede afectar seriamente a los pueblos pobres, a los países en vías de desarrollo y a los sectores populares de los países desarrollados. El capitalismo tiene mecanismos de autorregeneración que tienden a impulsar nuevos ciclos de acumulación que lo refuerzan. A la crisis le seguirá la depresión, a ésta fases de reactivación económica y otra vez se iniciarán nuevas crisis. En medio, nos arriesgamos a serios conflictos sociales, geopolíticos y militares como salida a esta situación.

 

Voces muy cualificadas de la dirigencia capitalista, como el presidente francés, ya se apresuran a pedir la refundación del capitalismo, seguramente volviendo a los presupuestos keynesianos, y con toda seguridad seguirá siendo un sistema basado en la explotación del ser humano por el ser humano, en acumular capital de forma rápida y donde se produce no lo que la gente necesita, sino lo que se puede vender mejor. Ante este panorama, los pueblos del mundo, las organizaciones políticas de izquierda, los sindicatos, los movimientos sociales…, tenemos la obligación moral de enfrentar la situación y ofrecer alternativas. Desde una perspectiva de izquierdas, debemos exigir una profundización de las políticas sociales, una defensa a ultranza del medio ambiente, una potenciación de los recursos y sectores productivos, en definitiva, la consolidación de una economía social que canalice las inversiones hacia las necesidades de bienestar de los pueblos. Debemos ser firmes en la ruptura del actual sistema financiero basado en la especulación y la acumulación, y apostar por la construcción de un nuevo orden mundial basado en la solidaridad, el respeto entre los pueblos, la economía productiva, la justicia, la libertad… Es la hora de que desarrollemos una acción política orientada hacia la construcción de un nuevo socialismo, un socialismo democrático y comprometido con la igualdad y la supervivencia ecológica del planeta, como solución definitiva a la crisis.

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