ELECCIONES-EEUU: Medio Oriente espera un cambio real

RAMALÁ, Palestina, 5 nov Análisis de Cherrie Heywood

 (IPS) – Barack Obama asumirá la presidencia de Estados Unidos en el pico de la ola de extremismo en Medio Oriente desatada por la invasión a Iraq en 2003. La guerra de Washington contra “el terror” se ha vuelto una amenaza a la paz.

 

Una combinación de regímenes despóticos árabes apoyados por Occidente, neocolonialismo, intolerancia religiosa, estancamiento educativo, choque de culturas e ideologías y una política exterior estadounidense sesgada a favor de Israel consolidaron esta situación.

 

La posibilidad de un ataque de Israel contra Irán torna el futuro aun más ominoso. Pero no todas las esperanzas se han perdido, según un analista israelí y otro palestino.

 

“Existen posibilidades de que se repare el vínculo entre Estados Unidos y Medio Oriente, pero eso exige un gran cambio en la actitud de Washington hacia los árabes y musulmanes”, dijo a IPS Ahmed Yousef, asesor del Ismail Haniya, líder del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás).

 

En cambio, Moshe Maoz, profesor de estudios islámicos y de Medio Oriente en la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Instituto de Investigaciones para el Avance de la Paz Harry S. Truman, dijo a IPS que “los gobiernos árabes y los propios líderes extremistas deberán reflexionar y trabajar duro para que haya alguna esperanza de avance político”.

 

Hace siete años, en lo peor de la espiral de muerte y destrucción que surgía en Iraq, el estadounidense Consejo sobre Políticas en Medio Oriente (MEPC) examinó en una conferencia qué errores habían cometido Occidente y el mundo musulmán, y por qué.

 

Milton Viorst, autor de “Storm from the East” (“Tormenta del Oriente”) y experto en asuntos de Medio Oriente dijo entonces que, en efecto, en la región se registra un choque de civilizaciones.

 

“Aquí tenemos dos civilizaciones a las que tenemos que entender. Creo que la guerra en Iraq es simplemente el último estallido de un conflicto que se remonta a la época del profeta Mahoma, hace casi 1.400 años. Ni la civilización cristiana ni la musulmana son necesariamente superiores, pero ambas son profundamente diferentes”, planteó.

 

Las sangrientas masacres ocurridas durante las Cruzadas cristianas, desde el siglo XI, condujeron al enfrentamiento con el Imperio Otomano que se extendió hasta comienzos del siglo XX.

 

“El Imperio Otomano se interponía en el camino de Gran Bretaña y Francia, las dos grandes potencias imperiales, a la conquista de la región. Y cuando los otomanos cayeron en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), toda la región volvió a abrirse al Occidente cristiano”, dijo Viorst.

 

Shibley Telhami, de la estadounidense Universidad de Maryland y el Instituto Brookings, señaló que a lo largo de la historia se registraron choques entre civilizaciones, lo cual, de todos modos, no basta para explicar choques internos como los que enfrentan a los musulmanes moderados y los de línea dura en Medio Oriente.

 

“En la segunda Guerra de Líbano (con Israel en 2006), la mayoría del público árabe simpatizaba con (el chiita y prosirio Partido de Dios) Hezbolá, aunque el gobierno libanés es prooccidental”, destacó Telhami.

 

Para Anthony Cordesman, del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington, “la lucha es religiosa, cultural, intelectual, política e ideológica, no militar o guiada por valores seculares. Como tal, la guerra real contra el terrorismo solamente puede ganarse parcialmente dentro del Islam y en un nivel religioso e ideológico”.

 

Buena parte de los pobres de Medio Oriente se ven atraídos hacia el extremismo religioso en respuesta a la falta de esperanzas personales.

 

Además, muchos árabes dicen que la apelación de Estados Unidos a la fuerza militar es contraproducente si se desea ganar los corazones y las mentes de la mayoría de los árabes y musulmanes moderados.

 

“Hay demasiados recuerdos del colonialismo y demasiada indignación por los vínculos de Estados Unidos con Israel como para que las fuerzas occidentales tengan éxito”, sostuvo Cordesman.

 

“Estados Unidos debe comprender que sólo puede usar su influencia y su capacidad antiterrorista y militar si cambia su imagen en el mundo islámico”, agregó.

 

“Ése es el centro del asunto”, expresó Yousef.

 

“Los árabes y los musulmanes están hartos del enfoque parcial de Estados Unidos sobre el conflicto palestino-israelí. Esto ha causado amargura y resentimiento. Si este conflicto se resuelve, tendrá un efecto dominó sobre la paz en el resto de la región”, dijo a IPS.

 

Cordesman señaló que los intentos de cambiar la imagen de Estados Unidos requerirán esfuerzos para apoyar una reforma genuina, sin limitarse a la retórica.

 

Será necesario crear puestos laborales, estabilizar las economías, respetar los derechos humanos y mejorar la educación, sostuvo.

 

Moaz dijo a IPS que, para vencer al extremismo y el terrorismo también es necesario que los gobiernos árabes corruptos avancen hacia la democracia y hacia distribución más equitativa de la riqueza. Explicó que la mayoría de los árabes están más preocupados por la supervivencia cotidiana que por las preocupaciones occidentales en torno de los derechos humanos.

 

Pero sería contraproducente forzar a esas sociedades a realizar elecciones democráticas antes de que establezcan sistemas políticos que incorporen sólidos sistemas de pesos y contrapesos y de control recíproco entre poderes, opinó.

 

“¿Cómo pueden establecerse gobiernos libres y democráticos si Occidente, con su falta de visión, persigue sus propios intereses geopolíticos y económicos a corto plazo, que involucran el apoyo a regímenes despóticos y dictatoriales que les sean leales?”, planteó.

 

Telhami dijo que el problema era que ni los gobiernos árabes no elegidos ni sus benefactores occidentales se preocupaban mucho por la opinión pública árabe y sus necesidades.

 

“Respetábamos la tecnología y las tradiciones de democracia y derechos humanos. Todos estuvimos con Estados Unidos cuando combatió a los comunistas y cuando se alineó con los muyahidines (combatientes islámicos) en Afganistán”, recordó Yousef, que vivió años en el país norteamericano.

 

“No odiamos a los ciudadanos estadounidenses comunes, y no tenemos ninguna simpatía por los criminales que perpetraron (los atentados de) el 11 de septiembre (de 2001). Pero esa gente ganará aun más apoyo de elementos extremistas si Estados Unidos mantiene su sesgo y sigue exhibiendo una agenda claramente antiislámica y antiárabe”, concluyó Yousef.

 

 

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

 

 

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