La dudosa utilidad de Berlusconi

Madrid 08/11/2008 por CARLOS CARNICERO EL PLURAL: Silvio Berlusconi en una complicada mezcla de empresario en el límite de pisar la cárcel, histriónico insoportable, machista recalcitrante y hortera de los que cuando se contemplan en una película incitan a pensar que el guión y el actor están ambos sobreactuados.
Su machismo es conocido internacionalmente y sus actuaciones siempre le dan crédito a los fílms de cuando el realismo social italiano promovía la admiración en todo el mundo. Alberto Sordi no lo hubiera podido interpretar mejor.

 

En este momento histórico para la superación del racismo como estigma de la humanidad, el primer ministro italiano no tiene mejor ocurrencia que alabar el “bronceado” del recién elegido presidente de los Estados Unidos. Una boutade grosera, reaccionara y, por qué no decirlo, fascista. El personaje ha reaccionado llamando “imbéciles” a quienes han criticado su manifestación racista.

 

Silvio Berlusconi se ha colado en la política por el resquicio abierto por la profunda crisis de los partidos en Italia. Su formidable imperio mediático y su incalculable fortuna son los pilares que apuntalan su condición de primer ministro de Italia. Ocurrió que la larga y cadenciosa entente de los partidos italianos desde finales de la Segunda Guerra Mundial acabó con su prestigio en un mar de corrupciones sobre las que irrumpieron un montón de jueces sedientos de sustituir el poder político. El resultado ha sido la desaparición de los partidos tradicionales: el socialista, el comunista y la democracia cristiana y la eclosión de Berlusconi como un remedo de aquellos- Ahora la sociedad civil italiana no termina de poder desalojar a este empresario devenido en primer ministro.

 

Hay políticos que hacen dudar de la salud democrática de las sociedades que los eligen. Sin duda ese es el caso de Silvio Berlusconi. Pero será un fenómeno efímero. La sociedad italiana ya se está desarrollando para poderse librar de él. Mientras tanto se vislumbra una utilidad pública para un fenómeno como el del primer ministro de Italia: su existencia, en sí misma, promueve una profunda nostalgia de los partidos políticos y será el motor necesario para su reinstauración, dentro de los equilibrios imprescindibles, de una organización política democrática en el gobierno de Italia. El día no puede estar muy lejano sobre todo porque Silvio Berlusconi está trabajando para ello.

 

Carlos Carnicero es periodista y analista político

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