Washington, kilómetro cero

images-carniceroMadrid 15/11/2008 por CARLOS CARNICERO/ ELPLURAL: El tiempo tasado en ocho minutos para cada intervención da idea concreta de lo que se puede esperar de la cumbre: un mensaje de voluntad de concertación y el punto de partida para una dinámica de transformaciones que se llevarán paulatinamente en los próximos meses y tal vez en los próximos años.

La ausencia del presidente electo de Estados Unidos Barack Obama colabora a dar un aspecto de transitoriedad a las discusiones de Washington, pero todas estas limitaciones no restan un ápice de importancia al logro del presidente Zapatero de haber conseguido una plaza para España. A partir de ahí, se trata de planificar las acciones de política exterior para asistir con pleno derecho a las próximas reuniones. Considerar la solicitud de ingreso en el G-20 pudiera ser la mejor opción que nos situaría en donde en realidad estamos: como avanzadilla ante los países emergentes y como recién ingresados en los países más desarrollados.

 

Es inútil buscar definiciones rotundas a la reunión del fin de semana en Estados Unidos. No se trata de refundar el capitalismo ni de reestructurar los comportamientos bancarios. Lo que procede es una profunda reflexión sobre la globalización de la economía y la búsqueda de un equilibrio entre el mercado y la soberanía de los estados para hacer compatible el funcionamiento de la economía con el control político para que las conductas que se han producido sean irrepetibles.

 

El siglo XXI empieza ahora con la coincidencia entre una de las más grandes crisis económicas del capitalismo y la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. El punto de partida para una nueva concepción de las relaciones de poder en donde el multilateralismo hará irrupción por vocación de la nueva presidencia norteamericana y por necesidad de distribuir las cargas del liderazgo en un mundo que necesita adaptarse a los retos del cambio climático, de la crisis energética y de la eclosión de las economías orientales que trasladan el epicentro económico desde occidente hacia oriente y disminuir las distancias entre los poderosos y los emergentes.

 

Quienes esperen que un gesto puntual, una reunión, un acto solemne pueden ser definitivos para lo que está pasando es un ingenuo. Se trata de comenzar un proceso para poner coto a la impunidad de quienes mueven los mercados y para adaptar el papel de la política a una intervención y un control responsable de las dinámicas económicas. Una tarea de ajuste fino que no se improvisa en un minuto.

 

Carlos Carnicero es periodista y analista político

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