METAS DEL MILENIO: Un modelo global, aldea por aldea

SEATTLE, Estados Unidos, nov (IPS) Por Michael J. Carter

– Trabajar por el desarrollo sustentable en Kenia es una tarea de enormes proporciones.

 

Kenia figura en el puesto 148 entre los 177 países analizados en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El virus de inmunodeficiencia humana (VIH, causante del sida) afecta a 6,1 por ciento de sus 37 millones de habitantes. Alrededor de 60 por ciento de los keniatas viven con menos de dos dólares al día.

 

¿Cómo se hace para mejorar la salud y las condiciones de vida de la población de Kenia? Trabajando aldea por aldea, según una activista.

 

“Las comunidades son las que tienen los conocimientos, y los usamos para mejorar lo que están haciendo bien”, dijo Loyce Mbewa Ong’udi, fundadora y directora del Proyecto de la Aldea de Rabuor, donde ella nació, y que dirige desde la noroccidental ciudad estadounidense de Seattle.

 

Su enfoque se basa en una estrecha relación con los miembros de la comunidad que participan en cualquier nivel de planeamiento. Son ellos los expertos, los que definen sus prioridades y los que identifican sus problemas y soluciones.

 

El proyecto nació como reacción ante el creciente número de huérfanos a causa de la epidemia del sida, que devastó a la comunidad. Mbewa Ong’udi comenzó enviando dinero para ayudar a su madre, Rosemell, quien había comenzado a alimentar a los niños que carecían de cuidados adecuados.

 

“Nos dimos cuenta de que el problema era enorme. Pocas mujeres estaban disponibles para cuidar a los huérfanos más pequeños. No tenían tiempo para conseguir comida y agua. Los que estaban enfermos se enfrentaban con peligros muy graves”, recordó.

 

Luego, cuando una clínica local comenzó a realizar pruebas para detectar el VIH y a entregar medicamentos contra el sida surgieron otros problemas. Las personas enfermas y desnutridas tenían dificultades para ingerirlos, o no podían llegar a la clínica por falta de transporte.

 

En respuesta, el proyecto creó un mayor número de centros para realizar los análisis. Medio centenar de mujeres y hombres recibieron un entrenamiento básico en cuidados de la salud.

 

Pero, además, se están concentrando esfuerzos en el desarrollo de actividades económicas: producción de ladrillos, aceite de girasol y cría de cabras, además de la puesta en marcha de un programa de microcréditos..

 

Otras de las muchas iniciativas incluyen garantizar el acceso al agua potable y las oportunidades educativas de niños y jóvenes.

 

“Estos modelos son una forma de llevar servicios en forma directa a lugares donde existen buenas relaciones”, dijo Susan Bolton, profesora adjunta de ingeniería del ambiente civil de la Universidad de Washington.

 

“No recurrimos a expertos externos. La mayoría de los fondos se vuelcan directamente en el proyecto. Contratamos expertos locales”, señaló Mbewa Ong’udi.

 

El modelo ha ganado fuerte apoyo. En 2004, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó su Proyecto de Aldeas del Milenio (MVP, por sus siglas en inglés), que se basa en una filosofía similar.

 

El objetivo del programa es eliminar la pobreza extrema trabajando en África subsahariana para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015.

 

La primera Aldea del Milenio, en 2004, fue la de Sauri, en Kenia occidental. La ONU destacó que luego de dos años la región “pasó del hambre crónica a triplicar sus cosechas”, y que sus habitantes pudieron vender sus productos en el mercado nacional por primera vez en muchos años.

 

Ya existen 12 Aldeas del Milenio en África subsahariana.

 

Algunos expertos consideran que achicar las brechas culturales y entender las prioridades locales son la clave para lograr un desarrollo sustentable.

 

“En mi trabajo en Bolivia con Ingenieros son Fronteras es vital conocer qué piensa la comunidad acerca de cuáles son sus necesidades, para ayudar a las personas a atenderlas en una forma que pueden mantener y operar nuevos sistemas, físicos o sociales”, dijo Bolton.

 

Shana Greene, fundadora de la organización humanitaria Village Volunteers, con sede en Seattle, comparte ese punto de vista.

 

“Trabajamos con líderes que entienden a sus comunidades. El empoderamiento de las personas está más relacionado con la oportunidad de que encuentren sus propias soluciones que con decirles lo que nosotros pensamos”, afirmó.

 

Mbewa Ong’udi “entiende profundamente los hilos entrelazados que deben formar la red de seguridad que libre a su aldea del VIH/sida y la pobreza”, dijo Tim Costello, fundador y director de Slum Doctors, organización sin fines de lucro que trabaja para mejorar las condiciones de los enfermos de sida en África..

 

Costello ayuda económicamente al proyecto de Mbewa Ong’udi, de quien es amigo. Viaja a Rabuor cada año y se declara impresionado por los avances que constata. Pero cree que el objetivo fundamental debe ser reducir la necesidad de contar con donantes.

 

“Creo que este tipo de desarrollo sólo funcionará cuando las comunidades se vean a sí mismas como las que pueden realizar los cambios en sus vidas”, dijo.

 

A Mbewa Ong’udi le gustaría que su modelo sea aplicado en otras partes, pues considera que los desafíos que plantea la pobreza son similares en otras naciones en desarrollo

 

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

 

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