Cumbre del G-20: poco concreta, pero muy simbólica

03794839_100¿Ha servido para algo la cumbre del G-20 en Washington? En Europa, la descripción de los méritos del encuentro y sus 50 medidas varía entre “primera piedra de una nueva era” y “mero show mediático”.

 Al día siguiente de cada cumbre se inicia el debate sobre su eficacia. Los políticos que la promovieron tienden a calificarla de importantísima, quienes siempre pronosticaron su fracaso a tildarla de inútil. Pocas veces las declaraciones firmadas vierten luz sobre el asunto, porque de ellas existen tantas lecturas como puntos de vista.

 

 Un encuentro que reunía a los Estados más industrializados del mundo y a los principales países en desarrollo, en total el 85% de la capacidad productiva global sentada en torno a una mesa, contaba con pocas posibilidades de esquivar el ritual.

 

 50 puntos sin sustancia

 

 “50 medidas para evitar que una crisis financiera pueda volver a repetirse” sería una frase acorde, escuchando a los participantes en la pasada cumbre de Washington, para titular el documento final del encuentro.

 

 Entre el medio centenar de propuestas se encuentran el fomento de la transparencia de los mercados financieros, el mayor control sobre los fondos de inversión libre y las agencias de rating, la reforma del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional y las restantes demandas que se ya venían reclamando y sobre las que tanto se ha hablado en los últimos meses.

 

 Nada nuevo bajo el sol, concluyen los críticos. Los políticos reunidos en la capital estadounidense no han hecho más que constatar circunstancias sobre el papel sin ofrecer soluciones. “La cumbre ha sido un mero evento mediático”, opinó Axel Troost, portavoz en el Parlamento alemán del partido La Izquierda, “no me extraña que el encuentro haya transcurrido sin conflictos: carecía de sustancia”.

 

“La conclusión de la cumbre”, continuó el político, “es trivial y no dice nada: ‘en el futuro, todos los actores del sistema financiero, todos los productos y todos los mercados van a estar regulados y controlados’… ¡bienaventurado quien se lo crea!”.

 

 Washington, antesala de Londres

 

 “En el futuro, todos los actores del sistema financiero, todos los productos y todos los mercados van a estar regulados y controlados”, declaró la canciller alemana, Angela Merkel, al salir de Washington. “Hemos dado importantes pasos hacia la instauración un orden económico global”, añadió.

 

 Pese a las críticas que ha generado la falta de materia práctica en las 50 medidas enumeradas, la política europea y algunos periódicos del continente conceden a la cumbre el adjetivo de “histórica”. Unos comparten la euforia de la canciller, como el presidente francés, Nicolas Sarkozy, cuando asegura que “estamos entrando en un mundo nuevo”, pero el sentimiento más manifestado es el optimismo cauteloso.

 

 “Éste es el principio de un proceso, no el final”, recordó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. “La Cumbre de Washington ha sido una relevante declaración de principios”, indicó en un comunicado el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, pero “hay que seguir avanzando en el de control de los mercados”.

 

 “En Bretton Woods se reconfiguró el sistema financiero internacional de la posguerra […] Nada de eso ha sucedido los últimos días en Washington. Pese a ello, la Cumbre del G-20 tiene un destacado valor simbólico”, escribe el diario italiano La Stampa. Aunque nadie sepa cómo se va a proceder a la reforma del FMI, aunque la titánica tarea de reorganizar el sistema financiero mundial carezca de hoja de ruta y el estallido de futuras crisis sea una posibilidad difícilmente descartable, con el simbolismo se dan muchos por satisfechos.

 

Al fin y al cabo, con el diálogo se ha puesto la primera piedra, volver a la era “pre-G-20” se perfila complicado, sino imposible, y, por lo tanto, cuanto antes se instituya el nuevo grupo como foro de debate, mejor. Y lo que es aún más importante, el siguiente encuentro tiene lugar y fecha posibles: Londres a finales de abril.

 

 “Los ministros de finanzas han recibido un encargo claro y tienen tiempo para hacer los deberes hasta la próxima cumbre en abril”, dijo Pöttering. Entonces, Barack Obama ya no estará al margen sino en el centro del evento y quizás se pueda abordar la concreción.

 

Fuente: Deutsche Welle

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