VELATORIOS por Agapito de Cruz Franco

     Tenerife 21 11 08 El Bonsái: El 21 de noviembre de 1978, al cumplirse tres años de la muerte del Dictador, tenía lugar en La Orotava la famosa manifestación de las velas reclamando soluciones sociales para la zona alta. Las procesiones forman parte del imaginario colectivo villero, y la elección del esperme, tan frecuente en las mismas, se convertía, como parte de su idiosincrasia, en medio de expresión y reivindicación energética y social.
Avanzaba la transición y faltaban apenas 15 días para que la nueva Constitución fuera aprobada en Las Cortes. En ese contexto, el atraso centenario en que vivían los altos de La Orotava motivaba a los jóvenes concienciados de la época, que, en sus ratos libres, se multiplicaban por aportar su granito de arena para acabar con él. Actuaban por libre, a través del Colectivo juvenil “Tauro” -que tenía su sede frente a la Iglesia de San Juan del Farrobo-, o bajo la pasión misionera del salesiano Don Víctor Rodríguez. En esta ebullición en defensa de los más pobres, este último escribiría “Los altos de La Orotava”, condensando sus graves deficiencias educativas y laborales.

 

 

     El retorno del PSOE, una pujante UPC –Unión del Pueblo Canario- y los anacrónicos restos del Régimen anterior, eran las referencias políticas orotavenses. Parte de este filantrópico y heterogéneo mundo que actuaba en las medianías, entraría en conexión con el hermano salesiano y éste a su vez con personajes políticamente ambiguos, que sin ser conservadores, tampoco formaban parte del firmamento de la izquierda tradicional. Esta, intentaba infructuosamente aterrizar en una sociedad sobre la que había pasado no sólo la apisonadora franquista sino también la máquina del tiempo. El resultado sería la absorción por aquellos de este movimiento en defensa de los altos de la Villa, con la manifestación citada organizada por parte de algunas asociaciones vecinales, a la que se añadía el surgimiento de las AIO –Asociación de Independientes de La Orotava-. El primer Ayuntamiento de la democracia villera tendría tres características muy positivas: daría la puntilla a los sectores ultraconservadores, provocaría un gobierno de consenso donde los tres partidos PSOE, UPC y AIO se unirían para trabajar juntos por el pueblo más allá de intereses partidarios, y se pondría en marcha un proceso que terminaría sacando del subdesarrollo a los altos de la Villa. Las mayorías absolutas posteriores se producirían por esta particular sociología vecinal, aunque su política, cercenaría el pluralismo original perdiendo el consenso en el camino.

 

 

     Los nuevos movimientos sociales son movimientos políticos, pero no tienen relación causa-efecto con las organizaciones electorales –comúnmente llamadas partidos-. Por el amplio espectro que los conforma, porque un proyecto político es más amplio que los intereses del movimiento social y porque aquél, actúa en un espacio institucional impropio de éste. El caso de las AIO, como producto electoral, triunfó por tres razones: el marco en que desarrollaba era el municipal (en un ámbito más allá de la “polis” no habría fraguado); el momento histórico había dejado un espacio político, alternativo a los históricamente establecidos y que sería denominado “independiente” (algo absurdo y fuera de toda lógica, porque en política de partido nada es independiente y todo es partidario). La tercera razón tenía que ver con la potenciación, en la sociología política, de los nuevos partidos de masas (“cath all party” o “atrapalotodo”), mosaico amalgamado de intereses, que terminarían desbancando a sus predecesores del siglo XX, los partidos de clase, hoy, ineficaces y operativamente extintos.

 

 

     Las AIO y las asociaciones vecinales que les apoyaban, establecieron, al acceder al poder e institucionalizar sus reivindicaciones, una clara ruptura con el mapa social que protagonizaba la lucha por los más débiles. El proyecto político sobrevenido, se uniría así, a otras formaciones regionales, produciendo primero ATI –Asociación Tinerfeña de Independientes-, y luego AIC- Asociaciones Independientes de Canarias-, organizaciones sin ideología propiamente dicha y entroncada en determinados intereses locales (“insularismo”) como hilo conductor de su proyecto. CC es otra historia, es la apuesta por parte de generaciones modernas, distintas a las primeras, por transformar todo este conglomerado en un proyecto político nacionalista, con ideología propia. El problema, que estallaría con nitidez en su último Congreso, es la dificultad de inyectar una ideología política nacional, a una arcaica estructura que no tiene ideología ni es nacionalista. Dos fuerzas centrífugas cuya evolución o involución, es impredecible.

 

 

     La celebración del 30 aniversario de la primera manifestación de la nueva democracia en la Villa por parte de estos sectores vecinales, que de la frescura de sus reivindicaciones iniciales pasaron a ser los eslabones de la cadena clientelar de un partido político, hace, que en lugar de una nueva revolución de las velas, se esté escenificando un velatorio en toda regla. De sí mismos, porque pretender dinamizar las asociaciones de vecinos desde la Asociación “Don Víctor”, ahora partidista, es acabar con toda ética de respeto por la pluralidad política vecinal del barrio. De su propio partido, porque en lugar de mirar al futuro y estabilizar un partido moderno –ideologías aparte-, se retrotrae sobre sus contradicciones y parece querer retornar a unas AIO donde dedicarse a escuchar las batallitas de los abuelos. 

 

 

     Sin embargo, esta vampirización de los movimientos sociales por parte de las organizaciones políticas, es algo que llevan en la sangre el resto de los partidos –a los últimos movimientos sociales de Tenerife, manipulados por nuevas-viejas fórmulas políticas alternativas, ciudadanas y posibilistas, me remito-. Por eso, si algo cabe señalar especialmente, en el proceso que de las AIO llega a CC y de CC no se sabe a dónde, es la felicitación ante el aniversario de unos hechos que por sí mismos merecen todo el aplauso, y la crítica por haber dejado a dos velas, con su actitud partidaria posterior, al resto de la sociedad orotavense. Lo que ha ocasionado a su vez un segundo velatorio, el de las otras formaciones políticas villeras. Independientemente de la responsabilidad de más de una en su propio fracaso electoral.

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