En el nombre del capo: El sacerdote Tonio Dell’Olio denuncia los vínculos entre el Vaticano y la mafia

 Nápoles 26/11/2008 ELPUBLICO.ES: La primera vez que Bernardo Provenzano asesinó a alguien fue en el mismo pueblo de Corleone. Tras una discusión, golpeó a su víctima hasta tumbarla en el suelo. Se sentó a horcajadas sobre el joven que iba a morir y le destrozó la cabeza con una piedra. Pasaron los años y Provenzano se convirtió en el capo de la Cosa Nostra, la mafia siciliana.

 

Hasta el momento de su detención, el 11 de abril del 2006, Provenzano ordenó desde su escondite el asesinato de muchísimas personas y jamás le tembló el pulso mientras escribía en una de sus notas quién tenía que ser el siguiente.

 

Cuando la Policía entró en su casa, se sorprendió de la apariencia real del capo de la mafia, del que sólo tenían una vieja fotografía de carné. Pero lo que fascinó a los agentes fue la decoración de su escondite: dentro había un cuadro de La última cena, dos imágenes de la Virgen, numerosos rosarios, la Biblia, un calendario con la imagen del padre Pío, un pesebre y 91 estampitas de Jesucristo en la cruz en las que se podía leer: “Jesús, yo confío en ti”.

 

Según recoge el último libro del siciliano Andrea Camilleri, Vosotros no sabéis, la Biblia de Provenzano estaba subrayada y gastada de tantas veces que la había consultado. El despiadado capo de la Mafia era, por encima de todo, un buen cristiano.

 

Confesor de la mafia

 

El sacerdote Tonio Dell’Olio, que actualmente trabaja como voluntario para la entidad antimafiosa Libera, explicó en declaraciones a Público que en algunas iglesias “los capos tienen un sitio reservado para asistir a misa. Un sitio que nadie puede tocar”.

 

Dell’Olio fue sacerdote en una cárcel de máxima seguridad y durante años escuchó los pecados de distintos capos de la mafia. Según relata en la entrevista, “la cárcel fue mi universidad”. Este sacerdote lucha contra la mafia pero critica que lo hace por cuenta propia: “Yo soy un sacerdote pero no lucho porque me lo haya pedido mi obispo ni tampoco mi parroquia”.

 

Aunque a priori pueda parecer una contradicción, la mafia y el Vaticano son dos poderes que no viven enfrentados. Es más, en algunas ocasiones han ido de la mano. Y con los años poco ha cambiado. Su relación es tal que el Vaticano incluso decidió enterrar en la Basílica de San Pedro a Enrico De Pedis, el capo de la banda de la Magliana, la mafia que controlaba Roma.

 

Desde la Comisión Antimafia del Parlamento, han pedido al Vaticano que lo saque de un sitio tan ejemplar porque no se lo merece. De Pedis es autor de asesinatos, secuestros, actos de terrorismo y tráfico de drogas. Pero, al mismo tiempo, dio generosos donativos al Vaticano antes de morir. Actualmente, se desconoce si aún sigue enterrado allí o si el Vaticano, sin hacer ningún ruido, lo ha cambiado de sitio.

 

Dell’Olio añade que en Sicilia, los mafiosos “llegan al punto de creerse la mano de Dios en la Tierra”. Y, en parte, esto es culpa de la Iglesia: “Si esta gente se cree así, es porque la Iglesia católica no siempre ha estado atenta a tomar distancia. No siempre ha habido, o mejor dicho casi nunca, quien les ha dicho que no está bien lo que hacen. Al contrario, han tomado su dinero para hacer iglesias o para ellos mismos. Han sacado provecho de la simpatía de la mafia por la Iglesia Católica”.

 

A pesar de algunos discursos de condena, “nunca ha habido desde la Iglesia católica un toma de conciencia clara para hacer una acción contra la mafia”, sentencia el sacerdote italiano.

 

Ritos de iniciación

 

Otro claro ejemplo de los fuertes vínculos entre la Iglesia y el crimen organizado se puede ver en Calabria, la cuna de la ‘Ndrangheta, la mafia más poderosa de Europa. Para entrar en esta honorable sociedad, es necesario pincharse en un dedo con un cuchillo y dejar caer una gota de sangre encima de una imagen del arcángel San Miguel, que posteriormente se tiene que quemar.

 

Religión o superstición, pero parece que les funciona: la ‘Ndrangheta se ha hecho con el control del 99% de la cocaína de Latinoamérica que entra en Europa y de su posterior distribución en el continente. Además, puede presumir de ser la mafia con menor número de pentiti; es decir, la que tiene menos arrepentidos que han decidido colaborar con la Policía.

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