DESARROLLO: La crisis queda para otro día

Miren Gutiérrez entrevista SYLVIA BORREN, co-presidenta de la GCAP

ROMA, 4 dic (IPS) – La Conferencia Internacional de Seguimiento sobre Financiación para el Desarrollo ya terminó en Doha, y muchos ahora se preguntan qué sucedió realmente. Sylvia Borren, co-presidenta del Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza (GCAP, por sus siglas en inglés) estuvo allí.

 

En una entrevista por correo electrónico con IPS, Borren evaluó los resultados de la conferencia desde la perspectiva de la sociedad civil.

 

IPS: ¿Cuál es el papel de la sociedad civil en este proceso?

 

SYLVIA BORREN: Bueno, la pre-conferencia de la sociedad civil de dos días fue bastante buena. Teníamos suficiente experiencia en nuestras redes y la presencia de 250 personas para presentar una bien investigada argumentación en la sala. Elaboramos juntos un sólido documento de la sociedad civil con las mejoras y adiciones sobre todos los temas para nuestras delegaciones gubernamentales.

 

La reunión oficial de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) abrió con el horrible escenario de los atentados en (la occidental ciudad india de) Mumbai, con sangre y violencia en nuestras pantallas de televisión. Demostró que ninguna “guerra contra el terrorismo” ni la competencia masculina y la mentalidad de que “el ganador se lleva todo” puede detener al terrorismo y a la violencia.

 

Una conferencia de prensa nos dio la oportunidad de entregar nuestros insumos al presidente de la Asamblea General (Miguel d’Escoto Brockmann), quien dio un apasionado discurso sobre la urgencia de poner la necesidad por sobre la codicia, y de cambiar los paradigmas de nuestro mundo. Habló sobre nuestros aportes en su discurso de apertura de la Asamblea General al día siguiente, en el que Gemma Adaba, de la CSI (Confederación Sindical Internacional) fue la voz de la sociedad civil en la lista de oradores.

 

 

IPS: ¿Cuáles fueron las contribuciones de los gobiernos?

 

SB: El presidente francés (Nicolas) Sarkozy, quien además ejerce la presidencia de la UE (Unión Europea), hizo un fuerte llamado a soluciones urgentes, especialmente para África. Para mí, al hacer énfasis en los vínculos entre Francia y África, fue demasiado partidario de las iniciativas del G-20 (Grupo de los 20, que integran las mayores economías mundiales, tanto industriales como emergentes) y algo inclinado a la estrategia de “divide y reinarás” para con el G-77 (Grupo de los 77, que reúne a 130 países en desarrollo) así como para la UE.

 

Sus orgullosas afirmaciones sobre que alrededor de 60 por ciento de la ayuda oficial al desarrollo procede de Europa y sobre los 1.000 millones de euros extra dados por ese continente a las crisis alimentarias me hicieron bufar.

 

Sí, 60 por ciento de alrededor de 100.000 millones de euros. Y los franceses todavía no están cerca de alcanzar su promesa de 0,7 por ciento del producto interno bruto (PIB) para la ayuda.

 

No mencionó los 260.000 millones de euros que la UE acaba de aprobar para estimular las propias economías europeas, fomentando el consumismo para mantener en funcionamiento la producción. Salvemos a la industria automotriz, a quién le importa el cambio climático…

 

Con la delegación de Estados Unidos pasó lo mismo. Se la pasaron presumiendo ser los mayores donantes de ayuda bilateral, y de haberla duplicado en los últimos ocho años. Como solamente fue 0,16 por ciento de su PIB en 2007, y nunca se comprometieron a 0,7 por ciento, también estaban caminando sobre hielo delgado. Después de todo, el doble de (casi) cero es (casi) cero.

 

Fuertes discursos fueron dados por los dos enviados especiales a esta conferencia: la ministra de Desarrollo de Alemania, Heidemarie Wieczorek-Zeuland, y el ministro de Finanzas de Sudáfrica, Trevor Manuel.

 

IPS: ¿Cómo van estas negociaciones?

 

SB: Las seis mesas redondas comenzaron mal. A la sociedad civil se la invitó pero no se le dio tiempo “al aire”. Sólo el último día de la mesa redonda sobre temas sistemáticos permitieron verdaderos aportes y diálogos.

 

Las actividades paralelas sufrieron el hecho de tener demasiados oradores, pero fueron muy buenas. Mi favorita fue la de “Trabajo decente”, presidida por Mary Robinson (ex alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos), con un gran plantel de oradores: embajadores de Noruega y Bangladesh, instituciones multilaterales, la Unctad (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) y más aportes de la sociedad civil.

 

También tuvimos una gran cena con Unifem (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer) en la que argumentamos la necesidad de una nueva conferencia de las mujeres en 2010. Ésta tendrá que ser sobre diseñar y poner en práctica estrategias de género transformadoras, así como sobre el intercambio de apuntes referidos a (cómo) detener la violencia y hacer más avances con cuotas y consolidar el género.

 

Los contactos con negociaciones oficiales produjeron en su mayoría malas noticias. Los párrafos sobre cambio climático y evasiones de impuestos eran tramposos. Algunos consideraban que había una “sobredosis” de género. Pero la principal lucha fue hacer el seguimiento del proceso. Hubo fuertes intentos de la administración de (George W.) Bush en sus últimos alientos para asegurar que la responsabilidad en el rediseño de la arquitectura financiera mundial residiera en las instituciones de Bretton Woods y en manos del G-20.

 

IPS: Pero los jefes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial no aparecieron…

 

SB: Esto ilustra la falta de respeto a la ONU y a los países en desarrollo. Su receta habitual es reducir el gasto gubernamental y mantener bajos los impuestos para educación, salud y salarios, asegurando que la próxima generación sea estúpida y pobre. El FMI ahora quiere vender su oro para pagarle a su sobreabundante personal, pero no consideraría eso para solucionar la crisis alimentaria o para invertir en la agricultura local. Darle la responsabilidad al FMI, para mí, es como permitir el regreso a casa de un hombre que golpea a su esposa.

 

Compartir el poder en un mundo que clama por democracia inclusiva en la ONU no es algo fácil obviamente para los países ricos. Pero es exactamente el poder del dinero, y no poner a las personas y los valores en el centro, lo que ha llevado al mundo a este caos que llamamos crisis moral.

 

IPS: Entonces, ¿cuál es la decisión sobre el seguimiento del proceso?

 

SB: El G-77 quiere ser incluido en el seguimiento (de la conferencia de Doha), por lo cual este proceso debe quedar en manos de la Asamblea General de 192 países. Europa primero respaldó al G-77 completamente, pero amenazó con no mantener una línea firme y no desafiar lo suficiente a Estados Unidos, y comenzó a favorecer a algunos países en desarrollo por sobre otros.

 

Escuché que éste es el patrón usual de la ONU: Primero, mucho acuerdo y unos pocos párrafos de soluciones. Europa comienza apoyando a los países en desarrollo. Luego, Estados Unidos va por el denominador común más bajo, amenazando con un veto y con el fracaso de la conferencia. Eso lleva que se asuman compromisos en los que Europa cede demasiado. Y todo termina con un resultado débil, con el que el Sur no está contento.

 

Nosotros como sociedad civil nos frustramos tanto el segundo día que pusimos en marcha una rápida acción. Tomamos dos urnas y les pedimos a los delegados que votaran por un “desarrollo centrado en la gente y democrático” o por “Bush y compañía”. Obtuvimos cierta atención, y nos enteramos después que esto tuvo cierto impacto para aislar a Estados Unidos.

 

IPS: ¿Cuáles fueron los resultados concretos?

 

SB: El resultado final de cuatro días fue regresar al texto original: “La ONU celebrará una conferencia el más alto nivel sobre la crisis financiera y económica mundial y su impacto en el desarrollo”. El contenido del documento no es tan malo: reafirmar el acuerdo de (la conferencia en 2002 de) Monterrey para erradicar la pobreza, no disminuir el volumen de la ayuda, procurar un mejor lenguaje sobre género y trabajo decente, detener las fugas de impuestos y actuar sobre el cambio climático.

 

Pero muchos temas fueron pasados a la próxima conferencia, donde habrá un diferente y esperemos que más democrático Estados Unidos en la mesa.

 

IPS: Entonces, ¿fue una victoria para la sociedad civil?

 

SB: Pero, ¿tenemos tiempo para este tipo de batallas de poder? Consumió la mayor parte de la energía de la ONU durante cuatro días, cuando ésta debió haber sido gastada en temas reales, en la crisis, y en trabajar por soluciones con el sector corporativo y la sociedad civil. En este sentido fue “un día de trabajo como cualquier otro”, aunque todos los oradores afirmaran lo contrario.

 

¡Qué resultado! Cuatro días gastados en acordar otra cara reunión de la ONU.

 

*Miren Gutiérrez es editora en jefe de IPS.

 

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

 

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