AMBIENTE: Maíz transgénico llega al surco cubano – Por Patricia Grogg

LA HABANA, abr (Tierramérica ) – Sin mucho ruido, un maíz transgénico obtenido en el cubano Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) es cultivado en forma experimental como parte de un proyecto que comprende a las provincias de Sancti Spiritus, La Habana, Matanzas, Ciego de Ávila y Santiago de Cuba.

El CIGB, institución líder del desarrollo científico de Cuba, investiga desde hace varios años la transgénesis de varias plantas, en programas que, según sus directivos, son sometidos a estrictos controles de seguridad biológica y ambiental.

Pero la siembra experimental del maíz transgénico encendió la alarma entre académicos vinculados al sector agrícola.

El debate suele quedarse en el cerrado espacio de un congreso, encuentros científicos o aulas universitarias, y no todo el campesinado parece saber del asunto.

Tampoco se difunde la fuerte controversia internacional sobre los riesgos que podrían representar los transgénicos para la salud y la diversidad biológica.

“Yo no entiendo de eso, pero acá tenemos variedades muy buenas, como ésta que estoy sembrando, que se llama canilla. Tengo poca tierra (la octava parte de una hectárea) pero también puedo cultivar lechuga, col, alguna vianda (tubérculo), que me da para comer y vender a los vecinos”, dijo a Tierramérica Leonidas Sames, de un barrio de la periferia habanera.

Otro labrador habanero estimó que “hay poca información” sobre los transgénicos y reconoció que no leyó un artículo de la prensa estatal cubana que anunció el inicio de “ensayos de campo” este año con un grano criollo que se hizo resistente a la palomilla del maíz (Spodoptera frugiperda), principal plaga de ese cultivo.

La modificación genética también intenta conseguir tolerancia a un herbicida para alcanzar mayores rendimientos, según declaraciones a la prensa de Raúl Armas, master en biotecnología vegetal en la sede que el CIGB tiene en Sancti Spiritus y coordinador del proyecto en esa provincia.

El objetivo final es obtener semillas que permitan su extensión productiva para consumo humano y animal, siempre y cuando los organismos competentes lo aprueben. En esta primera etapa se sembrarán en total 60 hectáreas en el país, reportó el periódico estatal Juventud Rebelde.

Sin desconocer que Cuba necesita aumentar y adecuar a condiciones climáticas adversas su deficiente producción de alimentos, la aplicación de esta tecnología es rebatida especialmente por sectores partidarios de una agricultura orgánica y del rescate y mejoramiento de variedades autóctonas mediante técnicas ecológicas.

En su defensa, científicos del CIGB han dicho que sus investigaciones no buscan ganancias para la institución, sino que la tecnología sea usada racionalmente, y será un complemento de la genética convencional y de otras técnicas biotecnológicas importantes que se están desarrollando aquí con buenos resultados.

“Veo en la liberación de transgénicos en Cuba una gran amenaza para la directriz agroecológica de connotación estratégica (no solo coyuntural) de nuestra política agraria”, dijo a Tierramérica el profesor Eduardo Freyre, de la Universidad Agraria de La Habana.

Sin embargo, aclaró que sus objeciones “nada tienen que ver con una desacreditación” de lo que su país está haciendo en este terreno, y concedió un “alto valor” al trabajo de los investigadores del CIGB y sus esfuerzos por ofrecer con “excepcionales garantías de bioseguridad”.

Pero sobre los potenciales riesgos para la salud, se teme con razón que, quizás no a corto plazo, pero sí a mediano y largo, estos alimentos provoquen alergias, toxicidad, dificultades inmunológicas, cáncer, infertilidad y hasta alteraciones endócrinas, indicó Freyre.

“Ni hablar de la posibilidad de la contaminación transgénica, que pone en peligro a las especies silvestres y cultivadas no transgénicas”, remató Freyre, autor de un ensayo sobre el tema premiado por la revista teórica cubana Temas, que lo publicará en una de sus próximas ediciones.

En su opinión, esta tecnología “está hecha a la medida de intereses transnacionales y del mercado”. Y teniendo en cuenta sus potenciales riesgos, para Cuba sería mejor concentrarse en las alternativas agroecológicas ya en curso, aunque no suficientemente explotadas.

La discreción de La Habana sobre el asunto alcanza a las negociaciones que se llevan a cabo para acordar un régimen internacional de responsabilidad y compensación ante potenciales daños a la biodiversidad del movimiento transfronterizo de transgénicos, comprendido en el Protocolo de Cartagena (2000), que fue ratificado por Cuba en 2002.

Tras señalar que desconoce la postura cubana en esas tratativas, Freyre recordó que aún no fructifican y que entre los reticentes figuran Estados Unidos y Argentina. “De llegarse a un acuerdo, sería muy bueno para Cuba y la región”, dijo. Por ejemplo, se podrían despejar dudas sobre el maíz importado desde Estados Unidos.

Las negociaciones sobre ese asunto perduran desde hace cinco años. Cuba fue uno de los países del Grupo Latinoamericano y del Caribe (Grulac) que asistieron como “amigos de los copresidentes” a la reunión celebrada en febrero en México para acordar el texto de ese régimen.

Silvia Ribeiro, portavoz en América Latina del no gubernamental Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración, con sede en Canadá, asistió a ese encuentro como observadora, y lamentó que el Grulac sea el bloque que más claramente trata de retrasar o impedir un régimen obligatorio de responsabilidad por daños.

“Cuba no habló mucho en la reunión, pero por omisión, queda dentro de las posiciones del bloque, lo cual es grave”, dijo la activista a Tierramérica. Es “lamentable” que tras muchos años de “posiciones bastante estrictas en el tema de bioseguridad, ahora (Cuba) se proponga sembrar maíz transgénico a campo abierto, y para producir semillas”.

“Me consta que en Cuba hay un fuerte debate sobre esto, y que los agricultores orgánicos y muchos otros, incluyendo académicos, creen que esto es una medida equivocada, que coloca a Cuba y su biodiversidad natural y de semillas en riesgos innecesarios”, señaló Ribeiro desde México, consultada por correo electrónico.

La siembra de transgénicos en el mundo comenzó en 1996, y el área sembrada alcanza actualmente 125 millones de hectáreas. Ocupan los primeros puestos Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá y China. A principios de marzo, el gobierno mexicano dio luz verde a la siembra experimental de maíz transgénico en su territorio.

• Este artículo fue publicado originalmente el 4 de abril por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

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