AMBIENTE-BRASIL: El sol gana contra viento y marea Por Fabiana Frayssinet

PARATY, Brasil, oct (IPS) – Los pilotos náuticos del primer Desafío Solar de América Latina compitieron, por supuesto, para llegar primeros, pero sobre todo para vencer en una carrera contra el tiempo, como es optimizar las tecnologías de energías renovables.
La ciudad de Paraty, en el litoral del sureño estado de Río de Janeiro es un buen escenario. Y lo fue especialmente para la competencia, definida por el Polo Náutico de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la entidad organizadora, como una “especie de rally de barcos movidos a energía solar”

Bahías protegidas, aguas transparentes con tonalidades verdes y turquesas, y sobre todo una energía que sobra para una carrera de este tipo. El sol, abundante y desbordante que refleja en el mar los rasgos de una pequeña ciudad colonial, de calles empedradas.

El escenario contrastante de una ciudad que lleva en sí los ecos del tiempo del imperio del Brasil, en el siglo XIX, con típicas embarcaciones de los antiguos marinos portugueses, para una competencia o “desafío” del futuro, como prefiere llamarla su organizador, el ingeniero Fernando Amorim, coordinador del Polo Náutico.

Un desafío que del 16 al 24 de este mes buscó estimular el desarrollo de tecnologías para fuentes limpias de energías alternativas, así como divulgar su potencial para aplicaciones en barcos de servicio, esparcimiento y transporte.

Inspirada en la “Frisian Solar Challenge”, una competencia de barcos movidos con energía solar que tiene lugar cada dos años en Holanda, la versión brasileña fue realizada en ocho etapas en la Bahía de Paraty. Una prueba técnica, un prólogo y seis competencias de 40 kilómetros en promedio cada una, con un recorrido total de 240 kilómetros.

Amorim, destacó que se trata de la primera competencia de este tipo realizada en el mar y que, aunque buscaron una bahía con aguas abrigadas “como dice (Luis Vaz de) Camoes (poeta portugués del siglo XVI), aun así estamos en plena mar”.

Una mar con todas sus consecuencias. Olas, corrientes marinas, viento. Aunque el mayor desafío para los pilotos fue conseguir administrar la energía solar, obtenida a través de paneles fotovoltaicos y que cargan las baterías que impulsan el motor.

En esta competencia gana quien consigue el menor tiempo de carrera acumulado a través de seis días de prueba, para lo que cuentan factores como la optimización de la carga, según resume a IPS Beatriz Carvalho, ingeniera naval del Laboratorio de Turbulencias Marinas del Centro de Postgrado (Coppe) de la UFRJ.

“El primer punto importante es administrar la carga de la batería, el segundo es conseguir una buena navegación y después entran otras cosas como el motor propulsor”, apunta.

“Nuestro motor tiene un diferencial, porque fue desarrollado por nuestro equipo. Todo el barco es un proyecto nuestro”, destaca Carvalho, que como piloto del catamarán de su equipo consiguió el primer puesto en esa categoría.

Gabriel Nunes, uno de los pilotos del barco de la Universidad Federal de Santa Catarina, dice que lo más difícil de una regata de este tipo es saber controlar todo el tiempo la distribución de la energía de los paneles para las baterías, y el motor, sobre todo en días sin sol como el de la entrevista.

“Por eso no podés ir a la máxima velocidad desde el inicio hasta el fin de la prueba. Tiene que haber una administración, cálculos matemáticos para distribuir de forma eficiente la energía y terminar la prueba”, relató Nunes que es ingeniero de materiales.

Campeón en la categoría de barcos tipo catamarán, el equipo de Santa Catarina tuvo otra ventaja a su favor. Acostumbrados a las grandes olas de su ciudad, Florianópolis, no tuvieron problemas en sortear las que surgieron en la abrigada bahía de Paraty.

Para que la participación del Desafío no se limite apenas a las escuelas de ingeniería naval – hay apenas tres en el país– y como forma de estimular a otras instituciones y centros de investigación, el Polo Náutico del Departamento de Ingeniería Oceánica de la UFRJ proyectó una embarcación padrón. Un catamarán de seis metros.

Además se comprometió a construir los cascos para todos los equipos que no reuniesen las condiciones técnicas y materiales para eso, quedando bajo su responsabilidad en cambio, el desarrollo de su sistema eléctrico o electrónico.

Eso permitió la participación de 19 equipos, como el del proyecto social “Grael”, de la ciudad de Niteroi, en el estado de Río de Janeiro, que estimula deportes como la vela para jóvenes de comunidades pobres.

Beneficiarios del proyecto como Allan Tavares, que actuando de piloto del catamarán de su equipo consiguió una de las mejores calificaciones del Desafío pese a los pocos recursos tecnológicos de su proyecto.

En este caso, según Amorim, fue fundamental el papel del piloto como administrador de los recursos energéticos y al mismo tiempo como hombre habituado al mar.

Tavares contaba que uno de los días de la prueba, con el tiempo nublado y poca carga solar, la velocidad variaba porque el motor tenía menos potencia.

Y es precisamente el desarrollo de la creatividad lo que busca también la prueba para enfrentar desafíos tecnológicos y promover la investigación, según los organizadores.

“Nuestro objetivo son los alumnos de graduación quienes serán los que transferirán ese conocimiento para el resto de la sociedad y promoverán la utilización de energías limpias en todas sus posibilidades tecnológicas, a otras escuelas técnicas, organizaciones no gubernamentales y universidades”, recalcó Amorim.

La competencia busca en particular estimular el desarrollo de tecnologías de energías alternativas para embarcaciones, proponiendo el intercambio de informaciones y la creación de redes de investigación académicas.

“Yo creo que todos los equipos entendieron que el principal objetivo es superarse y no superar al otro. Por eso subrayamos el hecho de calificar esto como desafío y no como regata”, puntualizó el organizador del desafío.

El desafío es que el barco se mueva lo más rápido posible, en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de energía. Con paneles solares iguales y baterías también limitadas, obligó a los equipos a buscar el máximo de eficiencia energética.

En ese sentido la competencia valió como aula magistral. El primer día, todos quedaron varados por falta de baterías, y con el tiempo consiguieron el máximo rendimiento aún en días nublados.

“Aun con poco sol, con poca luminosidad lo lograron, lo que prueba que los barcos tienen autonomía para vencer grandes distancias con esta tecnologías”, destacó Jorge Monteiro, instructor del proyecto social Grael.

Monteiro nos explicó como funcionan estos barcos solares. Los paneles solares a través de una reacción fotovoltaica “generan una tensión” que “promueve una corriente eléctrica que alimenta las baterías”, que a su vez impulsa el motor y hace que la embarcación se mueva.

“La única diferencia de un barco solar es que no carga batería a través de un ‘plug’ eléctrico sino de una energía limpia”, sintetiza.

Energía limpia que contribuye a una menor contaminación del mar respecto de otras embarcaciones, como destaca Amorim.

“Primero porque es una energía renovable. Es una energía limpia porque no produce ningún gas de efecto invernadero ni ningún tipo de contaminantes para el ambiente”, explica el catedrático.

“Por ejemplo un motor de popa es de combustión y por lo tanto libera gases de efecto invernadero, a veces con otros componentes que producen lluvia ácida como el diesel… Eso es grave ambientalmente”, agrega.

Además, ese tipo de motores libera lubricantes en el agua, mientras que uno eléctrico con batería de panel solar no produce ese tipo de contaminación, asegura Amorim.

Actualmente la energía solar es utilizada en embarcaciones, sobre todo en veleros, de manera limitada para alimentar los sistemas de iluminación, refrigeración o comunicación, por ejemplo.

Pero el objetivo es con el tiempo optimizar la tecnología para aplicarla como elemento de propulsión de barcos de transporte o paseo.

Para eso habrá que superar retos como disminuir costos de batería y de los paneles solares, de aumentar la velocidad –estos barcos de la regata alcanzan una velocidad de cinco a siete nudos– y aumentar la eficiencia de los paneles.

La meta es que la competencia brasileña estimule en el futuro a participar a otras instituciones y universidades de América Latina, y a articular experiencias en este sentido. Además quieren que el circuito sea incluido en el internacional, no quedando restricto apenas al europeo.

Otro objetivo es que eventos como estos atraigan la atención de empresas del sector marítimo, de instituciones educativas y de centros de investigación de todo el mundo, tanto a efectos de compartir informaciones como de conseguir patrocinios para financiar estudios
© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2008)” ©El Bonsai

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