ALIMENTACIÓN: Cumbre sin agricultores, sin plazos y sin números Por Sabina Zaccaro *

ROMA, 16 nov (IPS) – Los agricultores del mundo no son parte de las delegaciones oficiales enviadas a la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, iniciada este lunes en Roma. Pero se las arreglaron para llegar y expresar sus puntos de vista.
Sus comunidades son las más impactadas por la crisis alimentaria.

Pequeños productores de la selva amazónica, de África, de las islas del Pacífico y del Himalaya se reunieron en la capital italiana en ocasión del Foro por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos, que se celebra desde el viernes hasta este martes, de modo paralelo a la cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

El objetivo del foro es debatir sobre los serios efectos de la crisis en las comunidades agrícolas y campesinas.

Los pequeños agricultores y otros pequeños productores de alimentos representan más de 1.500 millones de personas en el mundo, estima el foro de la sociedad civil. “Producen más de 75 por ciento de las necesidades alimentarias del mundo mediante la agricultura campesina y la pequeña producción pecuaria, además de la pesca artesanal”, dijeron los organizadores.

Según la FAO, la cantidad de personas hambrientas en el mundo aumentó este año a 1.020 millones, a consecuencia de la crisis económica mundial, los elevados precios de los alimentos y los combustibles, las sequías y los conflictos.

“La cantidad de personas hambrientas anunciadas por la FAO incluye, en gran mayoría, a quienes producen alimentos. Y esto representa el aspecto más increíble del hambre”, dijo a IPS Antonio Onorati, del Comité Internacional de Planificación de la Sociedad Civil.

Los conocimientos y prácticas indígenas tienen el potencial de mejorar la seguridad alimentaria local y mundial, pero todavía no son reconocidos, según las organizaciones de cultivadores.

Por estos días, las cuestiones clave que hay sobre la mesa de las entidades de agricultores y campesinos tienen que ver con quién decide las políticas alimentarias y agrícolas, dónde se toman estas decisiones, quién controla los recursos para producir alimentos, cómo se obtienen estos y cómo ayudar a la gente que no accede a ellos directamente, es decir, los pobres de las ciudades.

Los resultados de su trabajo serán presentados en el cierre de la cumbre de la FAO, este miércoles.

Los problemas de los agricultores no están tan lejos de lo que debaten la FAO y los gobiernos participantes. Lo diferente es su perspectiva. “Aquellos a quienes la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) consideran víctimas son de hecho los protagonistas reales. Si los dejan, pueden producir suficientes alimentos para ellos mismos”, dijo Onorati.

Entre las causas de la inseguridad alimentaria para las comunidades indígenas, los agricultores señalan la pérdida de tierras y recursos, y el no reconocimiento y la violación de sus derechos.

Según Renée Vellvé, de la organización no gubernamental internacional GRAIN, el acceso y el derecho a la tierra deberían ser una prioridad.

“La actual tendencia a la compra y apropiación de tierras se manifiesta en países que tienen dinero, pero dependen de compras en el exterior para alimentarse, como Arabia Saudita, Corea del Sur y otros. Van a África y Asia para conseguir tierras de cultivo a fin de producir sus propios alimentos en el exterior”, dijo Vellvé a IPS.

“Las compañías inversoras están tratando de hacer lo mismo sólo para ganar dinero, así que una ve gobiernos e industrias sacando a los agricultores de sus tierras, especialmente donde la tenencia no es segura. Esto afecta primero a las mujeres, sobre todo en África”, agregó.

Nettie Wiebe, de La Vía Campesina, una red internacional de movimientos y organizaciones rurales, coincidió en que es fundamental devolver las tierras a los pequeños agricultores. “Es obvio, pero se ha olvidado, que la producción de alimentos es absolutamente necesaria para la seguridad alimentaria, es decir que los agricultores que producen alimentos los coloquen en el mercado”, dijo a IPS.

“Pero ahora estamos cada vez más lejos de nuestros alimentos, particularmente en los países en desarrollo, al punto que la parte del cultivador se ha olvidado, y de hecho ha sido borrada por una producción industrial corporativa”, añadió.

Según Wiebe, la agricultura y los mercados locales incluso pueden enfriar el planeta. “Una reforma agraria real y genuina, postergada durante décadas, haría mucho más por el clima que cualquier acuerdo que pueda resultar de las inminentes negociaciones en Copenhague”, sostuvo.

Se refería así a la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se llevará a cabo del 7 al 18 de diciembre en la capital danesa.

Vellvé opinó que las organizaciones de agricultores ya no creen en los códigos de conducta, pautas y principios que se están discutiendo en la FAO. “El problema es hasta dónde presionarán, y cómo se sitúan los gobiernos”, planteó.

Así que, más allá de los recursos económicos, lo que los pequeños productores piden es un cambio en la toma de decisiones que afectan sus vidas.

“Esto sólo puede ocurrir si la comunidad local tiene un rol en las decisiones, y si tiene acceso y control sobre los recursos productivos locales”, dijo Onorati. El director general de la FAO, Jacques Diouf –que este fin de semana efectuó un ayuno de 24 horas en solidaridad con los hambrientos del mundo– pidió a los países ricos que aumenten la suma que aportan cada año por concepto de asistencia agrícola de 7.900 millones a 44.000 millones de dólares.

Pero el texto de la declaración de la cumbre ya perdió la cifra concreta de 44.000 millones de dólares y la propuesta de la FAO de introducir un compromiso con plazo preciso, el año 2025, para erradicar el hambre del mundo.

“El texto es positivo en cuanto al derecho a la alimentación, la promoción de la agricultura sustentable y el Comité sobre Seguridad Alimentaria”, dijo la activista Sarah Gillam, de la organización humanitaria ActionAid, en referencia al cuerpo de la FAO que se está reformando para ampliar la participación a nuevos actores y promover su papel en el combate al hambre.

Pero la declaración carece de “dientes”, estimó Gillam. Los Estados se comprometen a cumplir la meta del milenio de reducir a la mitad la población hambrienta para 2015 y prometen “actuar de forma sostenida para erradicar el hambre lo más pronto posible”.

La declaración incluye promesas de “elevar de modo sustancial la ayuda al desarrollo destinada a la agricultura y la seguridad alimentaria”.

Pero sin plazos y sin cifras, “éste es un documento desprovisto de instrumentos concretos para una lucha efectiva contra el hambre”, dijo Sergio Marelli, presidente del grupo asesor de la sociedad civil en la cumbre.

* Con aportes de Paul Virgo (Roma)

© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2009)”
©El Bonsái 2009

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