KOSOVO: Ardua tarea forense tras una década perdida Por Apostolis Fotiadis

PRISTINA, nov (IPS) – Fotografías de personas desaparecidas penden desde hace años junto al portón de la valla que rodea al parlamento de Kosovo. Algunas de ellas han estado allí tanto tiempo que a duras penas pueden distinguirse sus rasgos fisonómicos.
Esto resulta un buen ejemplo de cuán lento y doloroso es el proceso de descubrir el destino de las personas faltantes.

Diez años después del fin de la guerra en los Balcanes, todavía hay más de 1.000 kosovares en la lista de desaparecidos que lleva el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Pero pese a la limitada capacidad e infraestructura, los funcionarios del Departamento de Investigaciones Forenses en Pristina continúan buscándolos.

El director del laboratorio forense, Arsim Gerxhaliu, señala con una pequeña vara de plástico los agujeros dejados por las balas en la parte posterior de una calavera, perteneciente a uno de los dos esqueletos recuperados en los últimos tiempos.

“Incluso en casos de una ejecución a quemarropa tan clara como ésta, no sacamos conclusiones”, dice, inclinándose sobre los restos para explicar cómo se lleva a cabo la investigación de los nuevos hallazgos.

El objetivo es recabar la mayor cantidad posible de evidencias, que permitan determinar de modo preciso la identidad de la persona en cuestión.

“Nuestro trabajo termina sugiriendo una acusación a las autoridades judiciales”, agrega.

La guerra entre las guerrillas albanesas y las fuerzas de seguridad de Serbia en Kosovo se extendió entre febrero de 1998 y junio de 1999, cuando las segundas se retiraron de la región luego de tres meses de ataques aéreos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Serbia.

Se estima que entre 12.000 y 13.000 personas fueron víctimas de las hostilidades durante ese periodo.

Inmediatamente después de la guerra, algunas personas consideradas desaparecidas fueron identificadas vivas cuando regresó una enorme ola de refugiados, mientras la región se volcaba lentamente hacia la normalidad.

“Cuando se creó el Departamento Forense, en 2002, todavía había 5.600 albaneses, serbios y de otras nacionalidades declarados desaparecidos en Kosovo. Hoy todavía contabilizamos 1.885 personas faltantes en la lista del CICR”, dice a IPS el antropólogo forense Alan Robinson.

“Buscar desaparecidos luego de tanto tiempo es una tarea difícil. Es difícil hallar información válida o reavivar los recuerdos de la gente. Hay casos de informantes temerosos y de testigos o familias que no están dispuestos a brindar información, temiendo por su bienestar”, relata.

Según Robinson, una de las tareas más duras que enfrentan los investigadores es identificar el sitio de una tumba.

En todas partes hay información disponible, dice. “La sociedad civil puede tener información que no considere relevante. Algunas otras cosas se derivan a través del CICR. Dos o tres veces por año tienen lugar importantes reuniones entre los comités de Pristina y Belgrado responsables por las personas desaparecidas, durante las cuales a veces se intercambia información esencial. Luego hay vías menos ortodoxas. A veces se nos acerca confidencialmente alguien que estuvo presente en un incidente y quiere hablar”, explica.

El progreso es lento pero estable. Este año hubo 120 operaciones de campo. Las 68 exhumaciones completadas tuvieron como resultado la recuperación de 78 restos de individuos, algunos de los cuales ya fueron identificados.

Tras la exhumación, los expertos crean el perfil biológico de una persona, que concentra información sobre sexo y edad, además de cualquier fractura o detalles dentales que pueden ayudar a su identificación.

De todos modos, que esto se logre depende de un examen de ADN (ácido desoxirribonucleico), que compare las muestras de sangre de posibles familiares con el material genético de los restos.

En Kosovo no hay infraestructura disponible para realizar esos análisis, de ahí que las muestras sean enviadas a la nororiental ciudad bosnia de Tuzla, donde se creó un laboratorio especializado para ayudar al país a identificar a la enorme cantidad de personas desconocidas encontradas allí luego de la guerra.

Algunos cuerpos se volvieron a enterrar durante la guerra, muy a menudo en un intento de los autores por ocultar sus crímenes. Aunque en Kosovo no hay escenarios claros de ejecuciones masivas y fosas comunes, algunos casos de alto perfil han ilustrado la virulencia de este conflicto.

El caso más conocido es el de la fosa común de Batajnica, en las afueras de Belgrado, donde las fuerzas de seguridad serbias enterraron muchos cadáveres en un intento por encubrir sus crímenes durante su retirada.

“Los intentos de eliminar las evidencias de crímenes de guerra se intensificaron durante el vacío que hubo entre el fin de las operaciones de la OTAN, el 10 de junio de 1999, y la remoción completa de las fuerzas de la República Federal Yugoslava 11 días después, lo que señaló el cese de hostilidades”, dice Gerxhaliu.

Hasta ahora, 800 de los 900 cuerpos hallados en Batajnica fueron recuperados y devueltos a Kosovo.

La fecha de la retirada yugoslava se fijó como marco temporal para definir un incidente como crimen de guerra. “Cualquier caso que se defina ocurrió antes del 22 de junio de 1999 es posiblemente un crimen de guerra”, según Gerxhaliu.

“En ese caso, la responsabilidad es ofrecida a una unidad especial de crímenes de guerra administrada por la Eulex”, la misión de la Unión Europea en Kosovo, agrega.

Eulex es la mayor misión europea de la historia. Llegó a Kosovo luego de su declaración de independencia unilateral, el 17 de febrero de 2008, con el mandato de ayudar al incipiente estado en la creación de una infraestructura legal y judicial. Desde entonces, el Departamento Forense ha sido integrado a la misión.

Expertos del Departamento participaron en la investigación que salió a la luz en abril de 2008, cuando se publicó el libro “La caza. Yo y los criminales de guerra”, de la ex fiscal del Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia Carla del Ponte.

Éste incluyó acusaciones relativas al posible tráfico de órganos de 400 prisioneros a manos de paramilitares albano-kosovares, realizado desde una misteriosa casa amarilla cercana al pueblo albanés de Burrel. Aún se desconoce el destino de esas personas.

Los esfuerzos de investigación de los desaparecidos concluyen cuando se contacta a las familias y se les brinda información sobre la causa, el lugar y el momento de la muerte de sus parientes.

“Es algo difícil y siempre se hace en persona. La gente necesita saber estas cosas”, dice Kristiina Herodes, portavoz de Eulex.

“Los casos se cierran con la finalización del reporte del mismo, la publicación de un certificado de defunción, la entrega de los restos a los familiares y la eliminación de una persona de la lista del CICR”, concluye
© “Todos los Derechos Reservados, IPS Inter Press Service, (2009)”
©El Bonsái 2009

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